dimecres, 13 d’octubre del 2021

Se hizo la luz




Fui la última de 4 hermanos, los 3 anteriores estudiantes brillantes, todos y sobretodo los profesores esperaban mucho de mi...pero la realidad era otra. Yo nunca fui "buena estudiante" tanto lo escuché, que me lo creí y pasé toda la primaria de despacho en despacho y de clase de refuerzo en clase de refuerzo. Cada dos por tres los profesores llamaban a mis padres "esta niña estudia por la familia en la que está sino, no podría" y  en consecuencia me sacaban a unas clases donde yo no sabía muy bien qué hacer con el chico que no entendía que 2+2 son 4 y la niña sorda con problemas de comunicación. Igual yo no era lo que todos esperaban, quizás mi forma de aprender era un poco distinta, mi ritmo también, pero tonta no era. La cosa no mejoró nada en toda la primaria, con los mismos maestros y compañeros, simplemente nos encasillamos  ellos a mí y yo a mi también, nunca adoré a mis maestros, a día de hoy no les guardo ni un poco de cariño.

Cuando pasé a secundaria yo ya no era “ni la hija de, ni la hermana de”, tampoco iba con mis compañeros de siempre y poco a poco la cosa fue mejorando. Seguía pensando que no servía para estudiar, pero tenía que hacerlo, en mi casa nadie había dejado los estudios ni nada parecido, así que fui sacando todo sin ir de sobrada, con bastantes cincos y alguna recuperación pero sin mucho esfuerzo.

Llegó la hora de hacer la selectividad, la hice, porque tocaba, porque había que hacerla y aprobé. Con la sensación de no haber decidido nunca nada, elegí una carrera al tuntún con la única premisa de que no fuera difícil, porque yo "soy mala estudiante" y no salió bien, como muchos universitarios el primer año.

Ese verano tuve que tomar una decisión y sabía que no quería seguir estudiando, decidí que iba a montar un bar, una idea genial para una chica de 18 años sin experiencia…hice mil bocetos y diseños de cómo sería.

Y entonces se hizo la luz, lo entendí, no quería montar nada, simplemente me gustaba diseñar, decorar y buscar soluciones en el espacio.

Empecé a estudiar diseño de interiores y pasé de ser una mala estudiante a sacar notas que nunca antes había visto. Además tenía profesores apasionados por lo que hacían y a mí me interesaba muchísimo, así que todo era muy fácil. De esta etapa si recuerdo a los profesores con mucho cariño porque  disfrutaba en las clases,  sobre todo con Geli la profesora de historia del diseño, lo explicaba todo desde la emoción. Siempre pensé que si algún día llegaba a ser profesora ella sería mi referente,  así que aquí estoy, gracias Geli por disfrutar de tu trabajo y enseñar desde el corazón.


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