A decir verdad, nunca me había planteado esta pregunta. Siempre me he considerado una persona con muchos intereses e inquietudes por seguir aprendiendo y formándome. Este interés lo he tenido desde bien pequeña y, en parte, ha sido gracias a mi madre. Ella siempre ha sido una mujer luchadora, muy trabajadora y que aún en tiempos difíciles, ha sacado toda su energía por seguir hacia delante. Puede que quizá, sin ser yo consciente, adquiriese estos intereses e inquietudes al verla a ella. Yo quiero ser igual que mamá, le decía siempre a mi padre.
Tras graduarse en enfermería, empezó a tener cierto interés en la docencia y, gracias a ese interés y el apoyo de mi padre, siguió estudiando hasta obtener la capacitación como docente. Yo la veía en casa, preparándose todo el material para sus alumnos, con los nervios a flor de piel y practicando delante del espejo, siendo tanto mi padre como yo sus alumnos y escuchándola cada vez que empezaba el curso y sentía los nervios de cada comienzo de etapa.
Considero que para mi ha sido todo un referente. Al terminar el grado en químicas, pensaba que tenía muy claro cual era mi objetivo: me quiero dedicar a la investigación, me encanta trabajar en un laboratorio. Sí, empecé un máster para seguir con el doctorado, pero creo que, desgraciadamente, en un país equivocado. La falta de recursos, principalmente económicos, hacen que el día a día en un laboratorio de investigación español sea todo un reto para los doctorandos como yo. Pensé en irme fuera, intentar seguir luchando por mis sueños, pero me dieron la gran oportunidad de dar docencia a grupos reducidos, dentro de los laboratorios de mi departamento, a los alumnos de otras carreras (química, ciencias del mar, biología…).
Acepté enseguida, por supuesto. Pero cuando me enfrenté a mi primera clase, salí con ganas de no volver a entrar en una clase. Miedo escénico, pánico, incertidumbre. ¿Soy una buena química? ¿Sería una buena docente? Ahí es donde entró mi madre, mi referente, en acción. Una de las personas que, probablemente, más me conozca. La que sabe todas mis fortalezas y mis debilidades, la que siempre me apoya.
Fue ella quien me dio las pautas que a ella le sirvieron para dar sus clases, además de algunos tips para que los alumnos prestasen atención a mis explicaciones, no se fuesen por las ramas haciendo preguntas que no procedían y que, además, se divirtiesen en las prácticas de laboratorio ya que, al final, deben ser las sesiones más interactivas tanto para el alumnado como para el docente.
Obviamente, a lo largo de mis años de educación tanto escolar como universitaria, he podido disfrutar y aprender de muchos docentes que me han aportado mucho conocimiento y ganas de aprendizaje. A pesar de ello, creo que lo he tenido más cerca si cabe al poder disponer, en mi propia casa, de una persona a la que le apasiona aprender y enseñar tanto como me está gustando a mi desde hace un par de años.


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