Durante mi niñez y adolescencia, más de una vez pensé que
podría dedicarme a enseñar en el futuro. Durante la educación primaria y,
especialmente, la secundaria, tuve muchas profesoras que me sirvieron de
referente y a quienes yo me quería parecer. Sin embargo, no fue hasta unos años
después que me di cuenta de que la docencia podía ser algo donde encajar y
poder aportar. En parte, me di cuenta gracias a Jose, mi primer profesor de
árabe. En aquel entonces, yo estudiaba segundo de bachillerato artístico en el
centro de siempre, concertado y pobre en muchos sentidos (uno de ellos: la
oferta de asignaturas). A mí me indignaba no tener la oportunidad, porque en
ese momento yo solo sentía que me la arrebataban, de estudiar griego.
Probablemente, la sed que yo tenía de letras, de palabras
para entender el mundo, me llevó a matricularme en la eoi, el primer centro
ajeno al de mi barrio, el que me había conocido en todas mis etapas. Recuerdo
la primera clase de árabe que tuve con Jose: su acento, la copia que nos dio al
alumnado con el alifato, el alfabeto árabe, la introducción que nos hizo
a esta lengua.... También pienso en cuánto sabía y cómo nos transmitía su
pasión por la lengua. Sus conocimientos eran muchos y muy variados, sobre
muchos temas, y sabía enseñar. Siempre lo vi como alguien que sabe guiar a las
personas a las que enseña. Quizá por ese motivo acabé en estudios árabes y salí
del barrio para estudiar en la universidad; y más tarde, con la ayuda de becas,
salí del país para estudiar en Túnez. Descubrí, conocí, me nutrí de muchas
cosas que tenían y no tenían que ver con la lengua. Viví y volví a estudiar
lejos de mi barrio y entendí y mis ojos pequeños (però ametlaets, que
decía mi abuela) se abrían cada vez más a diferentes colores y observé y
observo y entiendo e incluso, a veces, me hago entender de vuelta en el barrio.
Tengo que decir que últimamente recuerdo mucho las primeras
clases con Jose porque ahora yo me dedico a enseñar el alfabeto latino a
personas migradas al Estado español y reviso mentalmente sus técnicas para
adaptarlas y aplicarlas a mis grupos actuales. No obstante, no se limita a esto
la inspiración que supuso Jose a la hora de enfocar mi carrera a la docencia
porque a veces me veo gesticulando de una manera que me recuerda mucho a él,
porque deseo transmitir a través de la alegría y el paso a paso, porque hoy,
después de unos años de experiencia docente, asumo que ha marcado mi vocación y
mi camino.


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