divendres, 8 d’octubre del 2021

Buen investigador, mejor docente

 

A lo largo de mi vida he pasado por una gran cantidad de docentes. De los cientos que he podido conocer quizás sea Gustavo el profesor que más me ha inspirado. Tuve el placer de dar clase con él en la universidad, lugar donde las habilidades pedagógicas del docente pasan a un segundo plano en favor de los contenidos. La asignatura en cuestión, mecánica de fluidos,  es famosa por ser de las más complejas de la carrera debido a su alto grado de dificultad y abstracción. Sin embargo, no recuerdo haber disfrutado una asignatura de la misma forma.

A pesar de ser una asignatura que tiene un gran índice de suspensos en ingenierías, en mi curso, de 50 personas solo suspendieran 3. No es que fuera fácil el examen, ni regalase las notas, simplemente era un buen docente que sabía cómo transmitir conocimiento. Cuando veía que le seguíamos con dificultad, hacía una pequeña pausa y conectaba con algún tema interesante de su vida o con lecciones de psicología y antropología. Gracias a estas pausas, nuestro cerebro descansaba de los contenidos, aprendíamos sobre los niveles de atención de una persona o incluso conceptos totalmente alejados de la materia, como el llamado estado de flujo.

Cuando explicaba la asignatura, se notaba que le apasionaba su trabajo, se emocionaba al explicar los conceptos  y ponía gran énfasis en que los alumnos comprendieran todos los contenidos, alejándose de los convencionalismos de las clases magistrales. Esto ha seguido así hasta hace tres años, cuando sufrió un ictus y no le quedó más remedio que jubilarse.

A día de hoy, todavía puedo recordar sus clases, su pasión por la enseñanza y los valores que transmitía. Es quizás por ello, por lo que me encuentro aquí, para algún día ser  docente y poder mostrarles a mis alumnos parte de sus enseñanzas.

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