Queridísimo Alfredo,
Te escribo esta carta como agradecimiento a tus continuos esfuerzos por hacer de este sistema educativo que nos gobierna, algo mejor. Eres más que consciente de que impartes una asignatura teórica en un mundo de asignaturas prácticas como es Arte Dramático, y eres capaz de que podamos respetar la historia del teatro o la pedagogía teatral, aunque tengamos que aprenderlas sentados en una silla. Tú me enseñaste que la ley, la normativa, es importante simplemente porque es necesaria, no para aquellos profesores que desean sacar lo mejor de sus alumnos y exprimir su talento al máximo, sino para aquellos que pasan la hora de clase hablando a los alumnos sobre su depresión, sus gatos, o sobre cómo el otro día quemaron su casa sin querer.
Además, no sólo miraste por mi bien mientras eras mi profesor, sino que de verdad te interesaba que yo pudiera labrarme un futuro estable, seguro, y todos sabemos que no es fácil llegar a eso a través de la profesión de actriz, puesto que dependes del trabajo, el talento y la suerte. Demasiados factores que no siempre están en tu mano. Y para solventar todos los obstáculos que la vida nos planteará, necesitamos valernos de algún colchón, algún seguro, algún plan B. Y aquí estoy ahora, caminando hacia mi plan B, preparándolo por si en algún momento de mi vida lo necesito, y todo gracias a ti, que me dijiste que Madrid podía esperar, que los teatros de Gran Vía no irían a ninguna parte, y que este máster sería más que beneficioso para mí en el futuro. Sólo espero que lleves razón, aunque estoy casi segura de que sí.
Por todo eso y mucho más.
Gracias de corazón.


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