dimecres, 13 d’octubre del 2021

Querido amigo. Todavía hoy, 26 años después, sigo sonriendo cuando en determinadas conversaciones, recordando aquellos años tan intensos e inolvidables, me enorgullezco de haber sido tu alumna. Recuerdo, como en clase nos hablabas sobre determinados autores de la Grecia antigua, incluso de autores más modernos de nuestros días; cómo hablábamos de los problemas cotidianos, de las cosas que nos rodeaban en aquel momento, hoy día no sabríamos ni por dónde empezar. No te temblaba el pulso para aleccionarnos a Luciana y a mí en aquella ocasión en la que le recriminamos en clase a Alejandro que había copiado una definición de la propia enciclopedia, literal; todavía lo recuerdo “Luciana, Carmen, me gustaría que os esperarais al terminar la clase, tengo que hablar con vosotras”. En fin, quedó claro que había copiado, pero también aprendimos la lección. Pero lo que nunca podré olvidar son los momentos en los que, al terminar las clases, nuestro pequeño grupo nos juntábamos a tomar un café en el bar junto al Instituto y podíamos hablar de todo sin la presión de rendir cuentas al profesor o la institución en tu caso. En esos días vivimos multitud de situaciones juntos mientras preparábamos extraoficialmente las pruebas de selectividad. En esos momentos comenzamos a valorar el respeto, la amistad y un sinfín de cosas que todavía hoy ponemos en práctica. En esos momentos ya no eras nuestro profesor de Filosofía, sino que te convertías en uno más del grupo, al que se le podían contar los problemas personales con la misma naturalidad que a cualquier otro amigo. Pues bien, abro mi corazón ahora, pasados estos años para darte las GRACIAS, porque parte de los éxitos que hemos conseguido en la vida, han sido gracias a tus consejos, y no me refiero a los logros académicos, si no a los que de verdad son importantes. Como dijo Heráclito, “El mundo está en un constante movimiento”, espero que ese movimiento, nos haga coincidir algún día de nuevo….

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