Decía Albert Einstein que no poseía talentos especiales, sino una profunda curiosidad. Y en esencia la curiosidad es la gasolina que estimula a aprender nuevas cosas. Es posible que a los que se nos dé bien las matemáticas partamos con una ventaja añadida, y si nos apasiona mejor todavía, pero el hecho de aprender nuevas cosas produce una sensación de asombro tan estimulante que hace que el esfuerzo valga la pena, que sumado a la posibilidad de transmitir esos conocimientos adquiridos a aquellos que lo necesiten, se reúnen unos ingredientes indispensables para despertar la motivación por la enseñanza: talento, pasión, satisfacción por transmitir conocimientos, y sobre todo, en mi opinión, la curiosidad es uno de esos factores que marcan el camino que todos tenemos más o menos destinado, la curiosidad es la gran maestra. Pero no hay que olvidar a los profesores, que también son esenciales para transmitir no sólo los conocimientos, sino también para aprender a apasionarte por una materia. En mi caso no fue un profesor en particular lo que ha decantado por dedicarme a la enseñanza, sino un cúmulo de factores, que entre ellos están lógicamente los profesores, pero también matemáticos históricos e influyentes, libros, trabajos de divulgación, etc. Y en especial guardo un buen recuerdo de los profesores de matemáticas de bachillerato, porque fue donde empezabas a notar con ellos ver más claro que tu futuro iba a estar relacionado con las matemáticas. Como decía Ortega y Gasset, yo soy yo y mi circunstancia, por eso es gracias a nuestra curiosidad, necesidades, y a nuestros profesores que han ido marcando nuestra hoja de ruta en dirección a la enseñanza. Queda por averiguar si esa ruta será un acierto o un error, pero que independientemente del resultado, la vocación tendrá la última palabra.
dijous, 7 d’octubre del 2021
La mejor maestra, la curiosidad
Publicat per ximo a 14:55
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