dijous, 14 d’octubre del 2021

La noche es para la literatura.


Todo alumno que sienta un profundo amor hacía la literatura y a la docencia ha tenido a lo largo de su vida estudiantil a un profesor o una profesora de castellano que dejó una gran huella en esa etapa vital. El amor que el alumno siente hacia la asignatura es directamente proporcional al amor con el que dicho profesor la imparte y se implica con sus estudiantes. 

En mi caso, fui muy afortunada al cruzarme con Blanca. Yo llegué a un bachillerato nocturno después de tener experiencias decadentes en el anterior instituto, donde se me aseguró por activa y por pasiva que nunca me sacaría el bachiller, que estaba condenada a un modulo por no dar la talla para ir a la universidad y ser una estudiante nefasta. Sin embargo, Blanca nunca me vio como una estudiante limitada. Creo que la conexión fue instantánea. Vio que tenía mucho que contar, que había algo en mí que podía llegar lejos. Me animó a través de momentos difíciles, me ayudó cuando no sabía seguir, se alegró por mis logros y cuando nos separamos, siguió acompañándome durante la carrera. Ya no somos alumna y profesora, ahora somos dos amigas que toman café y se visitan cuando encuentran un momento, aunque yo sigo aprendiendo de ella siempre.

Gracias, Blanca. Por confiar en mí, por enseñar con pasión y no darte por vencida con las aparentes causas perdidas que llegaban al nocturno, por devolverme las ganas de estudiar y enseñarme a hacerlo bien. Espero poder hacerlo igual de bien que tú, ser para mis alumnos un faro, una luz brillante que los guie y una roca solida que los aguante.


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