A lo largo de mi vida nunca me había planteado ejercer como docente. Sin embargo, curiosidades del destino, terminé vinculado a la misma. Comencé a trabajar como técnico de investigación en la Universidad, y para aprovechar el tiempo que pasaba en el laboratorio, terminé cursando un doctorado.
Una de las actividades que permiten realizar a los alumnos de doctorado, o al menos a los que disfrutan de una beca predoctoral, es la docencia tutelada en materias relacionadas con la temática de tu trabajo. Ese fue mi primer contacto como profesor. La experiencia, inmediatamente, me hizo recordar a uno de los mejores profesores que tuve de joven, cuando cursaba los primeros años en el Instituto F. Pacheco. D. Paco era una persona amable, trabajadora, siempre dispuesta a ayudar y a fomentar el aprendizaje. Uno de esos docentes cuyo discurso cala en el alumno, cuyas explicaciones no necesitan de recursos adicionales para ser comprendidas por los estudiantes. Una figura en la que sin duda, intentar verse reflejado.
Aunque han pasado mucho años desde aquella época, a la hora de plantear las clases recurro a los recuerdos de sus clases, a la metodología empleada en aquella época que trataba de establecer un ambiente participativo y motivador entre los alumnos.



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